20100223

ENSAYO: El verdadero mago: una mirada más allá de la charlatanería

Corren tiempos violentos, llenos de confusión y de incertidumbre: la ciencia por un lado se empeña en desfragmentar el universo para intentar comprender a dios, mientras por el otro niega toda existencia de una entidad superior al hombre; la explosión de datos corriendo a la más alta velocidad por el ancho de banda produce la implosión del significado (tenemos más información pero sabemos menos) y el capitalismo salvaje sólo ofrece más crisis y mayor pobreza… Ante tal panorama el ciudadano de a pie desorientado y desinformado intenta buscar respuestas fáciles y sencillas que no exijan compromiso alguno. Las librerías, el Internet y los folletos le ofrecen la solución perfecta: brujería, hechicería, conceptos confundidos de manera irresponsable con magia y religión, pero en eso reside su poder comercial (menos esfuerzo con mayores beneficios).

Lecturas de cartas, café, conchas, astros y demás suertes no son magia y nada tienen que ver con un sistema religioso. Por tal motivo considero importante establecer claras diferencias entre lo verdadero y lo falso.

El verdadero mago:
Los magos afirman de buen grado que sus secretos se remontan a la más lejana antigüedad. No es fruto de una convención, sino una inquietud por referirse a los modelos primordiales, a los mitos de la creación. En cierto modo, el mago está en contacto directo con el arquitecto del mundo. Todo acto mágico es, por definición, acto creador que se ensalza en las profundidades de los orígenes. El mago “establece cómo fue hecho en el comienzo”, devuelve al presente “la primera vez”, restituye el mundo “En aquel tiempo”. El tiempo mágico es un tiempo primordial. Por medio del estudio de la magia, vamos hacia el destello de donde brotó toda la creación.

La fuerza sobrenatural que sustenta la vida no está fuera del alcancee de la inteligencia humana. Reside en el corazón del ser, en su templo interior. Al descubrirla, y luego utilizarla, el mago constata que su acción tenía repercusiones en este mundo y en el otro, como si no existiese ninguna barrera entre ellos. Conocer al dios de la magia es descubrir el poder de los poderes, penetrar en el juego armonioso de las divinidades. También el muerto, el que pasa al otro lado del espejo, debe conservar su poder mágico para alcanzar la realidad última.

El dios de la magia, Heka, es una creación de la luz. Hablar de magia “negra” y de magia “blanca” está ya en decadencia. No existe, en realidad, más que una magia solar, portadora de luz, que favorece la iluminación del mago. El resto no es sino ilusionismo, hechicería o búsqueda de poderes.

En el mundo de las divinidades, el dios de la magia tiene una función precisa: ahuyentar lo que debe ser ahuyentado, evitar que el mal y la disonancia vengan a perturbar el orden de las cosas. El mago, cuando está realmente imbuido por la fuerza divina, realiza igualmente esta función.

“He aquí que me uno a este poder mágico en todo lugar en el que se encuentre, en todo hombre en el que se encuentre”, dice el mago en el capítulo 24 del Libro de los Muertos; “Es más rápida que el galgo, más veloz que la luz”. El mago llena su vientre de poder mágico; gracias a él, aplaca su sed (1). Esta “magia en el vientre” llega enseguida al espíritu, como un fluido

El mago viaja por el cielo. Ante la estrella Orión, afirma haberse alimentado de los poderes vitales, haber sido nutrido por los espíritus de los antiguos dioses de los que conoce sus nombres secretos. Orión escucha al viajero del más allá. Reconoce que efectivamente ha adquirido todos los poderes, que no ha olvidado ninguno. Por esta razón, resucita, identificado con una estrella, y brillará en lo alto del cielo (2). Tal es el destino del mago convertirse en una luz en el cosmos, para iluminar el camino de los demás hombres que circula por los canales secretos del cuerpo. De este modo, el mago, hijo de Ra, señor de la luz y del sol, y de Thot, encarnado por la Luna, descubre el alcance de sus percepciones (3).

Esta magia puede definirse como la energía esencial que circula tanto en el universo de los dioses como en el de los humanos. Allí no hay “vivo” ni “muerto”, sino seres más o menos capaces de captar esta energía contenida en el nombre secreto de los dioses. Esta magia, en efecto, está destinada a preservar el orden del mundo. Tal fuerza no es fruto de una improvisación o de un ilusionismo cualquiera. Descansa sobre una minuciosa cadena de experiencias consoladas por el mago.

Para los practicantes de los ritos anteriores a las religiones del libro, así como para las culturas orientales, los dioses encierran en sí mismos el bien y el mal, no en planos ni en entidades separadas, sino en un todo. Por eso hubo sacerdotes o eruditos que se dedicaron a estudiar el mal dentro del sistema filosófico que impregnaba las religiones mistéricas, de la misma manera que no entendían una naturaleza beneficiosa y otra perjudicial: era una naturaleza única, sometida a las fuerzas generadas por los dioses, ya fueran benéficas o maléficas.


Así podemos observar como religión y magia no se pueden separar una de otra. ¿Podemos imaginar un ritual sin proyección mágica? Las religiones del libro (cristianismo, judaísmo, Islam), muchas de las cuales lo niegan a veces, ¿no ejercen una magia sobre el alma humana, a fin de permitirle acceder a realidades que nuestros sentidos se revelan incapaces de apreciar? (4)

La cuestión de la magia se empaña históricamente cuando se convierte, o se asocia, con lo maligno, con el ansia de hacer el mal. Las mujeres, lo femenino, son las herederas de aquella «magia» antigua que aprendieron en su relación, por medio de la agricultura, con la naturaleza. Después nace la hechicería y las figuras de la mujer, la noche o la luna, van unidas sin remisión a ella. Posteriormente, La mitificación, la ignorancia y el fanatismo encenderían la mecha de las estupideces.

Cabe aclarar que en este breve ensayo nos referimos al verdadero mago el cual se separa no sólo en tiempo y espacio del brujo y del hechicero, Sino que establece una clara diferenciación en fondo y forma: La magia» es un concepto anterior a las religiones ya que los métodos empleados para realizar sanciones o los mismos brebajes surgieron antes que la creencia en el alma o en un dios superior. Posteriormente se amalgamarían con los primeros conjuros invocando a fuerzas benéficas o maléficas, donde ya la religión se sitúa en un plano paralelo al de la magia, aunque sólo en lo formal; La brujería establece un claro vínculo con la religión en si, pues se entiende que cuando ésta se produce es por un pacto expreso con el mal, con su representante, con el demonio. En cambio, la hechicería sólo se encarga de actos menores, simples y generalmente nada tiene que ver con algún pensamiento religioso profundo.

La problemática radica en la confusión que inunda a la mayoría de las personas provocada por un ambicioso esquema mediático-comercial que de manera irresponsable ha vendido la hechicería como magia con el fin de desprestigiar esta última.

Estamos en una época marcada por falsos profetas, charlatanes, gente que promete falsos milagros aderezados con un sin fin de libros llenos de tonterías. Este sistema encuentra una perfecta combustión en un entramado social hedonista y vacío totalmente alejado de un crecimiento espiritual.

El verdadero mago así como el gran devoto sostienen un procedimiento vital el cual trata de dar una solución al enigma de la vida y de la muerte, de dar respuestas sobre las cuestiones trascendentales que acucian al hombre, de conocerse a sí mismo a través de lo espiritual. Por el contrario, la hechicería o la brujería únicamente tratan de dar solución a un problema o a un deseo pasajero, algo puntual. No son un sistema de creencias, ni mucho menos un sistema filosófico ni moral ni sociológico ni de ningún otro tipo. Realmente sólo encuentran su efectividad en la laxitud del momento y en su sencillez, por lo demás no buscan nada y es ahí donde reside su poder mortífero y diabólico.

Sobre el mundo que existe entre la magia y la religión ya nos encargaremos posteriormente. Esto es sólo para poner el tema sobre la mesa.
Notas:
1. Text. sarc., I, 137 d. sg.
2. Tex. sarc. cap. 1.017.

3. El texto del Necronomicon conseguido merced a los árabes españoles volvió a los persas y permitió enlazar la magia babilónica y la tradición hermética del sacerdocio egipcio de Thoth». la Masonería Egipcia está íntimamente relacionada con la Logia del Gran Oriente de Francia. Creada originalmente por los Illuminati de Weishaupt, estrechamente ligada con la Sociedad de Jacobinos... Un Iluminatus secreto y Jacobino fue Giuseppe Balsamo, alias Cagliostro, quien legó cierto Manuscrito a sus seguidores de la secta Egipcia, incluyendo extractos del Necronomicon original. Carta del Dr. Stanislaus Hinterstoisser a Colin Wilson, El Necronomicon, con comentarios, Neville Spearman Co., Suffolk, 1978.

4. Entre los Papas criticados de magos, destacan: Juan XVIII, Juan XIX, Sergio IV, Benedicto VIII, Juan XX, Benedicto IX y Gregorio VII



Miguel Alejandro.

20091215

ENSAYO: Critica de una crítica en crisis

Por. Daniel Valdez

Sin duda, la patología cultural más evidente de nuestra sociedad posmoderna es el predominio de la imagen sobre la palabra. Imágenes que impregnan el tejido de la vida cotidiana hasta construirse en ideología de consumo. Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje. Pero ahora parece que el capitalismo multinacional con su sádica maquinaria expansionista amordaza a Wittgenstein para aplicar en él el mismo sistema de depuramiento conductista -tratamiento ludovico- que el protagonista de Clock Work Orange tuvo que sufrir; y ahora esta sentencia adquiero otro matiz. Ergo, los límites de mi lenguaje son los límites de mi campo visual, los límites de mi campo visual se reducen a unos cuantos anuncios publicitarios.

Es por eso que el cine es una de los instrumentos de expansión ideológica más poderosos de los Estados Unidos. El cine de Hollywood, y en muchos casos el cine norteamericano independiente, funcionan eficazmente como largos anuncios publicitarios, donde se promueven valores, hábitos, estructuras mentales, fantasías convulsas, conductas esquizofrénicas y vocablos aberrantes que tanto usted como yo podemos comprar en el cine de nuestra localidad más cercana. Desde luego no es sólo el cine quien pone a nuestra disposición dichos productos. La televisión cuenta aún con una mayor capacidad de influencia sobre el espectador, debido a su gran accesibilidad. De la misma manera, la cinematografía norteamericana no es el único pelo en la sopa, y es ahí donde deberíamos de comenzar a preocuparnos.

Pero, ¿para qué preocuparme por ver “buen cine” o “cine de arte” si yo lo que busco es mero entretenimiento y expandir mi yo-individual-contemplador para regresar a casa imaginando que tuve una experiencia? Podría exclamar el espectador medio, a lo que el humanismo liberal tiene, a mi parecer, una certera respuesta: Es necesario ver “buen cine”, simplemente porque nos hace personas mejores. Una buena película siempre nos brindará las herramientas adecuadas para reorganizar nuestra vida en una experiencia coherente, para profundizar en la naturaleza de los hechos y fortalecer nuestra capacidad de discención crítica. Por tanto, el cine tiene una función didáctica – espero no intimidar con estos términos- y mucho de útil. No me gustaría que esto se malinterpretara con el delirio racionalista del positivismo decimonónico, y por ello, antes de ir más allá prefiero dejar este punto en suspenso que podría ser materia para un análisis más extenso. Ahora la interrogante que surge es: ¿qué quiere decir “buen cine? No creo estar capacitado para contestar una pregunta de esta envergadura, sin embargo puedo decir que existe – ¿o existía?- una institución que funcionaba como profilaxis cultural para preservar la salud del panorama cinematográfico: La crítica de cine.

Desde su nacimiento el cine estuvo acompañado de este molesto furúnculo que cultivaban los hombres de letras, y cuya aportación teórica fue determinante para dar sustento a la definición misma de cine. Durante el fermento cultural de los sesentas, la crítica de cine adquirió un lugar importante dentro de los círculos intelectuales. En toda conversación era común ver como se citaba a Hegel y a Fellini sin ninguna transición. Revistas como Positif, Cahiers du Cinema y Cinema ’60 por mencionar algunas, eran un punto de referencia fundamental.

En nuestro país, la crítica cinematográfica fue ensayada por gente de la talla de Alfonso Reyes y Martin Luis Guzmán, ( quien firmaban en colaboración con el seudónimo de “Fosforo”) entre otros literatos que decodificaban, a su manera, ese exótico lenguaje de imágenes. No puede dejar de mencionarse la fugaz pero decisiva aparición de la revista Nuevo Cine, que de alguna manera dio cauce a las exigencias de una generación preocupada por la cultura. El papel de la crítica sugería una especie de tamiz, filtro o vacuna contra el influjo pernicioso de imágenes que llevan consigo una carga ideologizante. Su labor propició que cineastas reflexionaran más sobre sus propias obras y que cayera sobre ellos la conciencia de que hacer cine implica más responsabilidades de las que habían imaginado. Como vamos viendo, en la actualidad ya no sucede lo mismo. Hoy en día la crítica en México ya no cuenta con la misma fuerza de antes. Uno de los hechos que lo comprueban puede rastrarse en la trayectoria del veterano crítico semanal Jorge Ayala Blanco, que con alquímica mezcla de sociología, psicoanálisis y semiótica había edificado la mejor de las maneras de ejercer análisiscrítico sobre cine, con excelente prosa y una inteligente construcción de los temas. Y quién ahora prefiere el estilo cripticoviolento que se encuentra más cercano al comentario. Otro ejemplo es el caso de Nelson Carro, quien se obstina en una metodología de añoranza hermenéutica sin dar lugar a lecturas más profundas. Carlos Bonfil, Luis Tovar y Gustavo García son el modelo del sinóptico puntual y el buen promotor. Ni que decir de revistas pseudoespecializadas como Cinepremiere o Cinemanía, donde figuran, más que otra cosa, la publicidad y el chisme tras bambalinas de la industria cinematográfica. La situación parece decirnos que cada vez es mas fácil salir a la calle, manipular una cámara y hacer una película; pero cada vez más difícil ir al cine, empuñar la pluma y decir que tal o cual película merece nuestra apreciación. Este fenómeno no es más que una de las tantas consecuencias de la problemática imagen/palabra de la era posmoderna que comentaba al principio. El flujo de imágenes es vertiginoso y su resistencia es menor. La crítica era resistencia. Justo es decir que conviene revitalizar el ejercicio de la crítica cinematográfica en nuestro país, una actividad que no es exclusiva de comunicólogos ni de cinéfilos diletantes y esparcidos como los de nuestros cineclubes universitarios. Si lo pensamos, es un campo más óptimo para la gente de formación humanística que consiga enlazar las especulaciones estéticas con el ensayo sociológico, y alejar a la crítica, de una vez por todas, de los criterios de la moda que la sedujeron.

20091207

ENSAYO: Mujer, la vida es más suave, vívela!

Para desconectar el cerebro un poco:
Lamentablemente el hombre se niega a reflexionar sobre temas verdaderamente importantes por el miedo de usar su cerebro. En cambio, lo sobresaturamos con noticias basura que salen y entran de la política al medio del espectáculo alimentándose mutuamente hasta formar una masa obesa y deforme. Esta es la interfaz generalizada de los medios hoy por hoy. Es la explosión de la información pero la implosión del significado. Dentro de este mundo lo que ha robado reflectores esta semana es el nuevo sencillo de Alejandro Fernández titulado “unas nalgadas” lo cual a causado molestias y muchos dolores de cabeza a los medios y movimientos feministas.

Sobre los movimientos feministas hay poco que decir pues tal parece que se han dejado llevar por la ira más que por el análisis profundo y bien estudiado, pero sobre algunos medios las reacciones que han llevado a cabo me sorprenden: a partir de la salida del priísmo se ha luchado y pugnado desde la silla de los medios de comunicación por una apertura total reflejada en una libertad de expresión que se mueva en tiempo y en espacio al mismo tiempo y con un nivel óptimo de claridad y desempeño informativo. Hoy que estamos día a día un paso más adelante, nos asustamos.

Si bien la letra de la canción podría resultar incómoda y de mal gusto la exageración y la cantidad de conceptos que se le han atribuido a partir de la imaginación de algunas “comunicadoras” es irrisible y sólo demuestra la falta de criterio y el rezago intelectual de las que son objeto y en un afán de inseguridad lo derraman y esparcen a su auditorio: el feminismo les sobrepasa y afecta su calidad expositiva olvidando la imparcialidad.

Feminismo e inseguridades:
El gran periodista y novelista norteamericano Norman Mailer, a fines de los sesentas, declaró ante Orson Welles en un programa que era trasmitido de costa a costa: las mujeres deberían de vivir en jaulas. Claro, como era de esperarse, las únicas que se estremecieron ante tal declaración fueron las feministas ¿Porqué? Estaban encerradas, como desafortunadamente lo siguen estando, en un papel de inferioridad y sensibilidad discursiva. El resto de los medios y población simplemente lo castigó de la manera más civilizada para un pueblo que goce de llevar este nombre: Cuando norman intentó postularse para la alcaldía de nueva York sus comentarios pesaron y simplemente no fue electo.

Hablamos de un hombre que declaró en la época más incendiaria, y precisamente la menos inteligente del movimiento feminista: la única verdad es que la primera responsabilidad de una mujer probablemente sea permanecer en la tierra el tiempo necesario para encontrar el mejor compañero posible, y concebir hijos que mejoren la especie. Dichas declaraciones le ganaron el odio exacerbado y el profundo desprecio de las mujeres. Pero el inteligente escritor en lugar de encerrarse en un discurso laberíntico y estúpidamente inconciente, las enfrentó publicando en 1972 “el prisionero del sexo”. En dicha obra analiza minuciosamente numerosos panfletos, artículos, ponencias y oratorias de destacadas feministas para deconstruir y buscar, exitosamente, la fragilidad del discurso feminista y concluye: las mujeres deben de tener una vida que les permita buscar su propio derecho a tener un compañero y no habrá búsqueda libre hasta que ellas se liberen. Dejemos entonces que las mujeres sean lo que quieren y lo que pueden. Dejemos que cohabiten con elefantes, si así lo desean, o hagan el amor con mastínes. Démosles la libertad y dejemos que la quemen, que la vuelen, que hagan de ella el triunfo o la derrota. Dejémosles concebir sus hijos y matarlos en el útero, si así lo creen necesario, viajar a la luna, escribir la gran novela norteamericana. Y que sus maridos las envíen a trabajar con una cesta de comida y un cigarro. Podrán legislar, encarcelar, y vestir uniforme; morir de cualquier enfermedad masculina: la primera de ellas, los años de agobio; así aprenderán que las mujeres realizan tareas onerosas mientras los hombres trabajan para sus yo, que no sólo son onerosos sino a veces insanos. De este modo las mujeres podrán intentar vivir con yos masculinos dentro de su propio cráneo: los hombres las aplaudirán ¡no es cierto!

Mailer no fue odiado por machista, fue despreciado por las feministas por que puso el dedo en la herida. Una llaga que aún molesta y sangra pues sigue doliendo.

Medios de comunicación e intelectuales ¿prostitución o maridaje?
El problema en el caso que aquí abordo se centra principalmente en el escaso margen de manejo que tienen de la libertad los llamados “intelectuales”. Si ocultar los hechos es una de las tareas del político, nombrarlos es una de las tareas del comunicador. Para concretar la idea basta mencionar que el arte es el reflejo de la sociedad. El peligro del machismo no está en una burda canción, sino en el pensar generalizado y solapado por la irreflexión política e intelectual: Grupos de poder que sólo sirven para delimitar y preservar eso que les brinda credibilidad y estatus. Esto sucede por que el intelectual en México ha adquirido un poder político igualable al de los servidores pero con la gran ventaja de que no tiene que responder por sus actos. Con este poder el intelectual inserto en los medios de comunicaciones produce programas, estereotipos de lo que debería ser la mujer, ya sea entre los narcotraficantes, ya sea entre los políticos o ya sea en la vida diaria. El intelectual es alguien privilegiado con información por lo que no se puede decir que no tiene la capacidad de decidir, pero no lo hace: dónde están las mujeres asesinadas en el norte ¿y las del estado? ¿Cuál es el papel de la mujer en las comedias? ¿Y la mujer objeto promovida por la misma mujer? La seudo escritora Elena Poniatowska es un ejemplo de este tipo de intelectual que hoy, también se ofende. O ya se nos olvidó que perdió una demanda por tergiversar la información de sus entrevistados al mismo tiempo que en nueva York recibía un premio de manos de sus amigas feministas de los premios “courage awards” ¿error de apreciación o de omisión?

¿No hay más temas en las agendas de la política nacional e internacional verdaderamente preocupantes? ¿Tan débiles somos y tan pequeños mentalmente nos consideran los medios como para dar por hecho que necesitamos de ellos para interpretar una canción?

La fama ilimitada que se le ha dado a la canción del potrillo sobre pasa por mucho el análisis o las consecuencias que el verdadero machismo exacerbado puede provocar. La canción es de mal gusto, SÍ, pero no es mejor o peor que las de otros intérpretes ya sea en inglés o en español. Si no gusta, no la escuche. Castigue al compositor y al cantante no adquiriendo su obra y no acudiendo a los conciertos. Estos son actos que llevaría a cabo cualquier nación libre y democrática con o sin ayuda de unos medios y comunicadores servilistas, tarados y con una mínima capacidad de reflexión.

A todos los medios e intelectuales que gritan el retiro de la canción cometen un gran error. Esto significaría retroceder el poco espacio que hemos ganado desde aquel priísmo censurador y paternalista. La libertad de expresión es un concepto recién llegado a la esfera pública. Nadie nace sabiéndolo utilizar, todo es parte de un proceso y como tal tenemos que aceptar los claroscuros de éste.

La música es vida que bulle. Escuche la canción, diviértase, reflexione en silencio y después continúe su camino por la vereda de las notas delicadas y tersas que viajan por el pentagrama como suaves murmullos de Dios. Hay un mundo allá fuera esperando por ti, el cantautor; LENINE. De lo mejor que he escuchado y libre de comentarios conservadores llenos de moho y ropa íntima quemada.

Brindo por Mailer, por la canción de Fernández y por paquita la del barrio y su fiel seguidora intelectual y sancho inseparable ideológicamente, la leona dormida.

Para todos ustedes, El Predicador Moral.

P. D. YO TAMBIÉN LES AMO!

20091202

ENSAYO: De la antología del pan a la de la torta


"I refuse to go into a fast-food outlet
–to use the toilet even–
in case anyone got the wrong idea and thought
I was sneaking in a quick burger."
Jonny Wilkinson


Por Osfabel Diteos, candidato al título de Maestro en Artes Visuales
por la Universidad Nacional Autónoma de México.















1. Puesto de tortas siglo XXI.















2. Puesto de Tortas pintado por Diego Rivera. Autoretrato de
Diego Rivera (niño comiendo torta). Detalle del mural Sueño
de una tarde dominical en la Alameda Central.


De la antología del pan a la de las tortas.

Las tortas son diversas, las hay ahogadas como de tamal, de aguacate como de plátano, esta diversidad también refleja una parte de la creatividad de las personas que las consumen y que las preparan. Esta creatividad ha logrado evidenciarse no sólo en la variedad de las tortas o en la manera de ofrecerlas en carteles o a grito suelto, dando como resultado un gran número de nombres para las mismas, sino también en los contextos en los que las tortas son el eje central, que son envueltos, por la tapa y la base, una serie de eventos más que gastronómicos, como los sociales, los antropológicos, los urbanos, los históricos, los políticos y claro los económicos, con todo el picante que esto conlleva.
Si bien, las tortas, con su combinación de ingredientes originales, representan un proceso de mestizaje dentro de la cultura y la historia mexicana. Al ser el claro ejemplo de interacción cultural entre los españoles y los indígenas mexicanos, a través de la composición y del origen de cada ingrediente. Tortas desde la conquista y hasta en las crisis hemos tenido, pero, no sólo en su representación del mestizaje, ya que hay la cubana, la colombiana, la hawaiana, la gringa, la alemana, la suiza y hasta la holandesa, muy a pesar de que la referencia cultural exista más en un imaginario, muchas veces absurdo, que en una hibridación gastronómica sustancial.
En las tortas algo se esconde porque el bolillo o telera, con su forma redonda lo cubre; una sorpresa, como dice Salvador Novo en su célebre ensayo Antología del pan, esa sorpresa puede ser tanto la del deleite como la del encuentro, dado que el lugar de las torterías, conquistado por el tiempo, es la calle. Algunos puestos han evolucionado en las loncherías que en ocasiones alcanzan a establecerse como lugares de culto al paladar ocasional.
Pero el verdadero espacio urbano para comer una torta, es sin duda la calle, por ser el más próximo y público para el hambre, hambre porque en la calle hasta un “taco de ojo” cuando hay “buenas tortas”. Los olores y las relaciones que crea un espacio inadecuado pero espontáneo, inadaptado pero ingenioso, carente de espacio pero “para comer aquí o para llevar comiendo”.
Y en cierta forma, ni la oleada de comida rápida global ni la mcdonaldización representan un peligro para que se extinga este emparedado tortuguesco de comida rápida urbana. Las tortas en México no se “desmejicanizan” frente a la globalización como lo dice Novo sobre el bolillo y la telera, en la actualidad el lunes puede ser de tortas y el martes de pizza al 2 X 1. Nada quita que las mismas tortas coman, coma, coman también de la competencia extranjera, siempre hay algo que digerir. Las tortas se han adaptado a la más ínfima dinámica global de nuestro tiempo, la de la velocidad y la prisa, la del hacinamiento y el flujo de personas, la de la variedad y la multiculturalidad, la de la fusión y lo absurdo.
“Para mí, una de pierna con quesillo, mucho aguacate y poco picante, por favor.”
Un saludo, O SFa

20091201

ENSAYO: Pactos diabólicos: una mirada más allá desde la música.

Los genios musicales ¿pactos satánicos o leyendas absurdas?


"Ninguna disciplina puede ser perfecta sin la música; sin ella nada existe. Se afirma que el mundo mismo fue compuesto de acuerdo a una cierta armonía de sonidos y que el mismo cielo gira bajo la modulación de la armonía" ("Etimologías", Iii, 17.1).


En la antigüedad la maldad era uno de los tantos sinónimos de inteligencia, al menos en lo que a la música se refiere. De Compositores e interpretes la historia musical da cuenta de ello. Mozart, Tartini, Paganini, Wagner, y más recientemente b. b. King y Peter Gabriel. Sin duda la complejidad de sus asombrosas composiciones une a todos estos personajes. De todos aquellos grupos metaleros o roqueros tales como Marilyn Manson, korn, Ossy Osborn y sepultura no queda más que decir que la mercadotecnia los ha acercado al culto de Belcebú más como estrategias publicitarias y exceso de psicotrópicos que vínculos verdaderamente malignos. No debemos confundir faramalla y extravagancia en el escenario con ingenio compositor. si bien paganini, usaba ya ciertos símbolos en el escenario que denotaban un aparente maridaje con Satán esto era propiciado más como burla a la racionalidad europea que como un verdadero pacto diabólico.

Varios artículos ya dan cuenta de intérpretes y compositores que aparentemente le han vendido su alma a algún ente relacionado con el inframundo para obtener a cambio habilidades o revelaciones que les permitan incrementar sus capacidades pero en la mayoría de los casos éstas no son mas que falsas interpretaciones ocasionadas por el contexto, en el caso de la música sacra relacionada con la cultura judeocristiana, O debido a pretensiones de aquellos que aparentemente ignoran la superioridad técnica alcanzada por los supuestamente poseídos. No nos engañemos, detrás de todo esto no queda más que la justificación de las aburridas y tediosas composiciones actuales que al no poder establecer algún contacto creativo con el supuesto mundo de las tinieblas se transforman en melodías monótonas.

El asumir, tal y como se ha venido haciendo, que la genialidad musical tiene una estrecha relación con entes perversos sería desdeñar el esfuerzo así como ignorar los avances alcanzados en la música por todos aquellos involucrados en novelas fantásticas. Que si Mozart y la francmasonería, que si Warner y sus mensajes secretos que llevaron a Hitler a cometer los más horrendos crímenes del siglo pasado, que si Niccolo paganini y sus 24 caprichos dictados a la luz de la luna por un emisario de la oscuridad, que si escuchas de manera inversa la música de JuanGa invocarás al mal, que si luzbel le dictó en sueños a Tartini la sonata para violín “el trino del diablo”, que si la Trevi era una mensajera de Lucifer, que si los violines de Giuseppe guarneri del jesú encerraban al diablo mismo… así son las historias formuladas por un occidente tan racional, tan intelectual, tan avanzado, tan absurdo.

Efectivamente, a lo largo de la historia del siglo XX ha existido la maldad dentro del pentagrama pero no debemos olvidar que ésta ha sido propiciada más por seres humanos, Hitler, Stanley y Lenin, que por demonios. El progreso en ciencias como el psicoanálisis, la psiquiatría y la neurología nos dan la razón. La música, dice Ralph Adolphs y Gardner, permite al ejecutante y/o compositor ejercitar ciertas partes del cerebro que de otra manera no se utilizarían. Esto provoca un mayor flujo de sustancias naturales y por tanto mayor actividad en el individuo. En algunos casos extremos es tanta la excitación neuronal que se puede llegar a experimentar ataques parecidos a los epilépticos e incluso llegar al desmayo. Una vez expuesto esto podemos darnos cuenta por qué grandes mentes, desde inventores, escritores, compositores y asesinos, han estado asociadas con alguna actividad musical, y del porqué durante siglos el pensamiento religioso incineró en las hogueras del medioevo parte del progreso a costa de todos esos cerebros brillantes teóricamente posesos por Bafomet.

Justificar la creación de los 24 caprichos, Tristán e Isolda, el anillo de los nibelungos, Orfeo, el cuento del soldado, la sinfonía #12, 32, 22 y 24 como productos de pactos diabólicos sería desdeñar el estudio incansable de mentes brillantes comprometidas con una actividad tan elevada como la música. Ni pactos malignos ni influencia divina hay detrás de algo que es mucho más delicado y complicado, y no por que lo veamos desde una visión ateísta pues tomarlo así correspondería más a una interpretación occidental del hecho. Analicemos: en culturas orientales tan alejadas de las dicotomías y polaridades la música tiene un significado distinto. en el budismo (Yeombul, Hwacheong y beompae), por ejemplo; el genio musical corresponde al adelanto espiritual, mas como el resultado de un trabajo constante que como pactos con entes; en el sufismo (Zolnun y Ibn Faredh), la música ayuda a lograr niveles superiores de concentración los cuales permiten establecer el puente entre cuerpo y alma; para el hinduismo (Sangita-ratnakara) la relación entre expresión espiritual y el sonido es indisoluble pues es la conjunción entre el aliento y el fuego. Detrás de todo esto intérprete y compositor trabajan bajo la premisa del crecimiento mental. Por eso la música del medio y lejano oriente continúa moviéndose, en evolución constante. Incluso para los griegos, bajo la visión pitagórica, la armonía que viene del universo, la "armonía divina", penetra en la música, y purifica, calma, ennoblece y produce la reconciliación entre alma y cuerpo.

Pero En nuestro occidente diabólico y estático, tan lejano ya de sus orígenes griegos, Hace ya más de un siglo el filósofo alemán Nietzsche profetizaba:

Lo que cuento es la historia de los dos próximos siglos. Describe lo que sucederá, lo que no podrá suceder de otra manera: la llegada del nihilismo. Esta historia ya puede ser contada ahora, porque la necesidad misma esta en su acción. Este futuro habla ya en cien signos; este destino se anuncia por doquier; para esta música del porvenir ya están aguzadas todas las orejas (Nietzsche;2001 :31).

Y con justa razón. Si todo progreso en la música lo hemos interpretado desde un punto peyorativo no nos queda más que apelar a la repetición para no ser juzgados. La nueva cultura del remake, del cover, del plagio nos da la razón.

Si para regresar a la prosperidad musical olvidada desde el siglo XX y dejar de lado el regué ton, el pop, el Pink punk, el pop y todos esos géneros de acordes sencillos, que sólo intentan de mala manera recordar una etapa melancólica que muchos de nosotros ni siquiera vivimos, el occidente tiene que acudir a supuestos pactos diabólicos ¡qué así sea!

Todos Aquellos que después de leer esto aún insisten en el tema aquí les dejo algunas recomendaciones dónde seguramente podrán encontrar algún demonio: Antonin Dvorák (1841 1904) "Cert a Kaca" ("Catalina y el diablo"; El checo Bedrich Smetana (1824 1884) con "Certova tena" ("El muro del diablo; Hoffmann con "Die Elixiere de Teufels" ("Los elixires del diablo"; el alemán Giacomo Meyerbeer (1791 1864), , "Robert le diable" ("Roberto el diablo") y Victor Massè y su "La fiancèe du diable" ("La novia del diablo".

Miguel Alejandro (predicador moral)

20090827

CUENTO: Aurelio


―…a los más chicos se les dice corderos… ya los grandes son los borregos…
―Ah…

Yo estoy ahora mismo junto a Aurelio, a su derecha, viendo cómo harnea el frijol. El frijol se debe harnear con mucha calma, con gran cuidado, con una paciencia de veras tierna; el pan molido es para que brille y se vea más limpio, no hay que dejarle ni una sola piedra, ni una ramita, nada de polvo, y es que quien puede no se lleva el frijol sucio, a nadie le gusta escogerlo allá en su casa, bajo el silencio de la tarde, por eso nosotros tenemos que harnearlo. Aurelio se acaba de quedar callado después de contestarme lo último que le pregunté. Yo sigo sus movimientos veloces, sus brazos entre morenos y amarillos, sus manos nervudas, fuertes. También yo guardo silencio. A mis manos no les faltan venas, pero tienen menos que las suyas; yo no puedo harnear tan rápido como Aurelio ni tan bien, sus brazos están más correosos que los míos, limpian mejor el frijol y el alpiste, escogen la lenteja más rápidamente.

Hay una sonrisita en la cara de Aurelio, y es porque a él le gusta que yo le pregunte por las cosas de su pueblo. Él viene desde Puebla a trabajar hasta acá, a la Ciudad de México. Siempre me dice el nombre de su pueblo y siempre se me olvida. Sólo me acuerdo de que de allí se puede ver bien cerca el Pico de Orizaba. Aurelio, en su pueblo, antes de venirse, cuidaba borregos y horneaba pan. Los borregos eran de su familia; el pan de un panadero que era su patrón. Yo también sé más o menos cómo se hornea el pan, mi abuela tenía su propia panadería. Pero el pan que él hacía, de seguro, es más rico: el horno de allá, me ha dicho, es todo de piedra y se calienta con leña verde que hay que ir a cortar todos los días desde muy temprano, en lo alto del cerro. Acá no hay que cortar nada, el horno se calienta solo, basta con encenderlo y ya está. Por eso los brazos de Aurelio están todos llenos de cicatrices, de marcas que deja el machete, de quemaduras secas que deja el horno, porque el pan de allá sabe más rico.

Aurelio ya terminó de limpiar el bayo, seguro se va a seguir con el flor de mayo o con el vaquita. Ya casi acabamos. Son las siete de la noche. Hoy es domingo, nos toca paga. Ahora mismo yo descanso, a mí me tocó limpiar el frijol ayer. Conozco bien esta mirada de Aurelio, la pone cada que quiere que le pregunte otra cosa. Espera impaciente. Pero yo no le pregunto nada. Hace rato me estaba platicando de los borregos, de cómo los cuidaba. Dice que él ha matado algunos y que también les ha cortado el rabo a otros. Desde muy chico lo ponían a hacer esas cosas. Yo no le podría cortar la cola a un borrego recién nacido, y menos podría matar uno aunque ya estuviera grande; pero él sí puede, y hasta se los come si hace falta, no le importa nada que alguna vez lo anduvieran lamiendo. Yo no podría. Aunque en eso estoy de acuerdo con Aurelio, las cosas no están como para desperdiciarse, al menos nosotros no estamos como para desperdiciarlas. Platicamos poco, cada que los patrones se distraen porque no les gusta que platiquemos; lo que sí les gusta, lo que hasta los hace sonreír, lo que los pone contentos, es que trabajemos todo el día, calladitos, nada más recogiendo lo que se cae y despachando bien, ni un gramo más ni un gramo menos, “como debe que ser”. Hay que pesar bien las cosas. Y más si son de los patrones. Al fin y al cabo para eso nos pagan. Por algo son nuestros patrones.

Ahora mismo me están hablando a mí, me han de ir a mandar de seguro a hacer alguna cosa, ya descansé mucho. A Aurelio se le cambia la cara luego luego, como que se va a poner algo serio si no es que hasta enojado, quién sabe si porque ya me quitaron de junto a él o porque ya no le pregunté nada más aparte de lo de los borregos, quién sabe. La verdad es que esa cara es la misma que puso cuando me platicó que en su pueblo cerró la panadería y que en su casa se acabaron los borregos. A lo mejor y se va poner algo triste. Yo me pondría.

A veces me pregunto si acá en la ciudad hay alguien más a quien le guste escuchar a Aurelio. Si hay alguien más. Alguien que sí se acuerde del nombre de su pueblo.

20090824

GUIÓN: Diálogos para dos enamorados

Diálogo para dos enamorados I

Ext. Escuela - día

- Buscar sin esperar nada a cambio, o en su defecto, encontrar sin buscar demasiado.


Diálogo para dos enamorados II

Int. Habitación de Mauricio - Mediodía

- Pero yo no quiero lo que tu quieres.

- Tú debes querer lo que yo quiero, porque yo quise lo que tú quisiste.

- Bueno... ¿qué hago?

- Primero sácate la pelusa del ombligo.


Diálogo para dos enamorados III

Int. Fonda "Doña Lucía" - Tarde


- El silencioso que ejercita su vocación, ejercita el silencio...

- ¡Anda calláte! Mejor quítate las moronas del mogote.


Diálogo para dos enamorados IV

Int. Catina "El mojón ahumado" - Noche


- Mi memoria de ti, es como una botella lanzada al mar.

- Que tierno y eso cómo ha de ser...

- Pues nada hay que mantener el misterio.

- Pues yo veo posibilidades perdidas.









A kariina.

20090808

ENSAYO: Cultura y Globalización (II de II)

Hasta este punto hemos tratado las repercusiones culturales de la globalización como algo ajeno a nuestra vida, sin embargo, vale la pena hacer una reflexión en torno a cómo percibimos este fenómeno quienes ya somos parte de él.

Como ya se ha dicho, la globalización es producto de los procesos históricos que van de los siglos XVI al XIX, que se consolidó hasta la segunda mitad del siglo XX. Ahora bien ¿qué significa para nosotros, los nacidos en los 80’s, el alba del nuevo siglo? Ciertamente entendemos que nuestra ascendencia histórica es impresionante, pero en el fondo nos resulta ajena. Este cambio en la mentalidad, que es a la vez un cambio en la cultura ¿en qué medida se lo debemos al modelo económico actual?
Estamos muy lejos de la modernidad originaria, muy lejos de Hobbes, de la Ilustración de Montesquieu, de Voltaire y de Rousseau; no somos ya hijos de la Razón y tampoco creemos en el poder ilimitado del hombre sobre la naturaleza; mucho menos creemos en el papel del Estado ni el derecho constitucional; y desconocemos aquella idea de una sociedad siempre en continuo movimiento hacia el progreso.

Somos extraños a la tortuosa sucesión de poder entre Iglesia y Estado; ya que a nosotros nos tocó la pugna entre Estado y Mercado. Con todo, llegamos ya hacia los últimos capítulos aunque conocemos la crónica pormenorizada de esa transición. Nuestra crisis es la del capitalismo; una crisis social provocada por las profundas desigualdades que éste ha traído consigo; y por un enfrentamiento con la naturaleza.

En el curso de la segunda mitad del siglo –dice Lipovetsky-, la lógica del consumo de masas disuelve el universo de las homilías moralizadoras, ha erradicado los imperativos rigoristas y engendra una cultura en la que la felicidad predomina sobre el mandato moral, los placeres sobre la prohibición, la seducción sobre la obligación… Se ha edificado una nueva civilización, que ya no se dedica a vencer el deseo, sino a exacerbarlo y desculpabilizarlo.

Asimismo, somos la generación que se ha topado con la problemática de los límites. Fenómeno ya esbozado por Malthus, pero que hasta hoy cobra una dimensión real. Debido, entre otras cosas, a la superpoblación y al hecho fehaciente de que los recursos del planeta no son suficientes para satisfacer una demanda ilimitada por parte del modo de producción. Y aunque se ha señalado que una posible respuesta al problema, es la reducción en el consumo, lo cierto es que ello no basta, puesto que también existen limitaciones con respecto a la degradación y asimilación de los deshechos; se produce más rápido de lo que se puede reincorporar.

Entonces, de seguir con el mismo modelo –que seguramente así será- nuestro siglo XXI, será el que alcance en límite en el crecimiento. Aunado a ello, hemos constatado que la salida de emergencia llamada, Desarrollo sostenible, ha sido inhabilitada por una negligente ceguera ante los problemas. Ello significa que nuestro pensamiento ha sido moldeado para exprimir a la ya desacralizada naturaleza y transformarla para satisfacer nuestras casi infinitas necesidades subjetivas sin importar el costo que esto implique.

Inmersos en un nuevo paradigma, nuestras tradiciones han cambiado; ahora “emancipados” del control del Estado y entregados al Mercado divinizado, tenemos fe ciega en que el vertiginoso avance de las tecnologías terminará por extender esos límites.

Dicho sea de paso, este contexto es, en gran medida, el resultado de dos acontecimientos que tuvieron lugar hacia el final del siglo XX: por un lado las dos guerras y el proceso de posguerra; y por el otro, los fundamentos teóricos establecidos por la Escuela de Chicago.

Posteriormente, con el fin de la guerra fría y la conversión hacia un mundo unipolar; aparece el espejismo del “fin de la historia”; un mundo encaminado sólo hacia el progreso. Pero ¡oh decepción!, Adorno y Horkheimer vieron venir la “maldición del progreso constante”. En ese sentido, el fin del siglo XX es el punto de quiebre para configurar el cambio en la forma de pensar de la sociedad contemporánea, transformándonos de ciudadanos a consumidores.

Por ello, si hay que concluir sobre si este cambio en la tradición, y por ende en la identidad, tiene repercusiones significativas en la cultura, podríamos responder afirmativamente; una de ellas, es el conformismo pusilánime, causado por la derrota de la sociedad en su búsqueda de derechos sociales justos, en razón de la “libertad” de elegir de las “oportunidades” que ofrece –¿o impone?- el nuevo modelo económico.