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20091202

ENSAYO: De la antología del pan a la de la torta


"I refuse to go into a fast-food outlet
–to use the toilet even–
in case anyone got the wrong idea and thought
I was sneaking in a quick burger."
Jonny Wilkinson


Por Osfabel Diteos, candidato al título de Maestro en Artes Visuales
por la Universidad Nacional Autónoma de México.















1. Puesto de tortas siglo XXI.















2. Puesto de Tortas pintado por Diego Rivera. Autoretrato de
Diego Rivera (niño comiendo torta). Detalle del mural Sueño
de una tarde dominical en la Alameda Central.


De la antología del pan a la de las tortas.

Las tortas son diversas, las hay ahogadas como de tamal, de aguacate como de plátano, esta diversidad también refleja una parte de la creatividad de las personas que las consumen y que las preparan. Esta creatividad ha logrado evidenciarse no sólo en la variedad de las tortas o en la manera de ofrecerlas en carteles o a grito suelto, dando como resultado un gran número de nombres para las mismas, sino también en los contextos en los que las tortas son el eje central, que son envueltos, por la tapa y la base, una serie de eventos más que gastronómicos, como los sociales, los antropológicos, los urbanos, los históricos, los políticos y claro los económicos, con todo el picante que esto conlleva.
Si bien, las tortas, con su combinación de ingredientes originales, representan un proceso de mestizaje dentro de la cultura y la historia mexicana. Al ser el claro ejemplo de interacción cultural entre los españoles y los indígenas mexicanos, a través de la composición y del origen de cada ingrediente. Tortas desde la conquista y hasta en las crisis hemos tenido, pero, no sólo en su representación del mestizaje, ya que hay la cubana, la colombiana, la hawaiana, la gringa, la alemana, la suiza y hasta la holandesa, muy a pesar de que la referencia cultural exista más en un imaginario, muchas veces absurdo, que en una hibridación gastronómica sustancial.
En las tortas algo se esconde porque el bolillo o telera, con su forma redonda lo cubre; una sorpresa, como dice Salvador Novo en su célebre ensayo Antología del pan, esa sorpresa puede ser tanto la del deleite como la del encuentro, dado que el lugar de las torterías, conquistado por el tiempo, es la calle. Algunos puestos han evolucionado en las loncherías que en ocasiones alcanzan a establecerse como lugares de culto al paladar ocasional.
Pero el verdadero espacio urbano para comer una torta, es sin duda la calle, por ser el más próximo y público para el hambre, hambre porque en la calle hasta un “taco de ojo” cuando hay “buenas tortas”. Los olores y las relaciones que crea un espacio inadecuado pero espontáneo, inadaptado pero ingenioso, carente de espacio pero “para comer aquí o para llevar comiendo”.
Y en cierta forma, ni la oleada de comida rápida global ni la mcdonaldización representan un peligro para que se extinga este emparedado tortuguesco de comida rápida urbana. Las tortas en México no se “desmejicanizan” frente a la globalización como lo dice Novo sobre el bolillo y la telera, en la actualidad el lunes puede ser de tortas y el martes de pizza al 2 X 1. Nada quita que las mismas tortas coman, coma, coman también de la competencia extranjera, siempre hay algo que digerir. Las tortas se han adaptado a la más ínfima dinámica global de nuestro tiempo, la de la velocidad y la prisa, la del hacinamiento y el flujo de personas, la de la variedad y la multiculturalidad, la de la fusión y lo absurdo.
“Para mí, una de pierna con quesillo, mucho aguacate y poco picante, por favor.”
Un saludo, O SFa