20090107

ENSAYO: Cien, doscientos y los que faltan


Por Ludwig Rossell


Quien no conoce la historia está
condenado a repetirla
J. Santayana


Se aproxima el centenario de La Revolución Mexicana y el bicentenario de La Independencia de México, y mientras algunos han comenzado a mover las piezas del ajedrez político del país aprovechando la ocasión para vestir sus jugadas con la sombra de lo que significan en el ideal colectivo estos movimientos, otros se preguntan cuál es el significado de aquella cuenta regresiva que se levanta altiva en el Zócalo de la ciudad, así como la procedencia de aquellas extrañas monedas que tienen acuñado el año 2010. Lo que sí es seguro es que todos levantan la mirada al cielo impacientes del fin de la continua pero segura marcha de este monumento al tiempo pasado. Camina un trayecto directo al cero, hacia un punto donde, muerta la espera, ocurra un acontecimiento ajeno a la cotidianidad, que sustituya un hecho por otro, sí no ¿cuál es el sentido de contar el tiempo?

En este punto lo que cabe preguntarse es ¿cuál es este evento que se espera tan ansiosamente?. A primera vista cualquiera sabe, a excepción de los despistados que creen que las monedas conmemorativas son falsas, que marca el aniversario de La independencia y La Revolución . Este tótem con sus ojos que cada día caminan hacia delante en una marcha hacia el pasado nos invita a recordar los eventos que hace cien y doscientos años respectivamente acontecieron en la historia de México, eventos que ahora tras cumplir una y dos centenas nos hacen preguntarnos ¿qué viene ahora?

Recordemos que con el descubrimiento de nuestro continente surgió una distinción entre dos américas; una angloamericana y otra iberoamericana. Dicha distinción se basa en el choque cultural existente dentro de la visión colonizadora de los españoles ante la cual surgió un mundo nuevo, totalmente desconocido, que a diferencia de la América anglosajona, no es una prolongación de Europa sino una creación ideal por parte de España. Dicha concepción, en consecuencia, no guardaba relación alguna con la realidad de las tierras descubiertas, en las cuales, además de la paradisiaca geografía que ofrecía el continente, surgió el problema de explicar a los seres que en ella habitaban. Este choque ocasionó que esta realidad no haya podido ser expresada dentro de los parámetros del mundo hispánico, causa que consecuentemente desembocó en la búsqueda de implantar la cultura europea por el desconocimiento de la nativa.

Pero, ¿cuál es la visión de los colonizadores que arribaron a América? En Europa durante el siglo XVI y XVII los dos mundos paradigmáticos eran Inglaterra y España. El primero pretendió la apropiación de la naturaleza, de la adaptación del medio a sus necesidades, una visión moderna a través de la técnica, mientras que la concepción española que llegó, fue la tradición siendo pagana la idea de mejorar la creación divina. De esta forma los dos modelos llegaron a América como proyectos diametralmente opuestos, donde el sajón de esencia adaptable se transformó de acuerdo a la realidad que se le presentó mientras que el ibérico transformó a la realidad de acuerdo a su visión.

Tras el choque cultural el problema de la identidad de los habitantes de esta América, la ibérica, estaba bien definido: por un lado estaban los indígenas y por el otro los españoles, sin embargo los criollos compartían estos dos orígenes permaneciendo en un equilibrio relativo: con respecto al español eran iguales en origen pero distintos en género. Se sabían a sí mismo peculiares lo que propició que se creará un ideal exagerando lo bueno y malo, creando una idea de la tierra que habitaban y de sus cualidades físicas. En resumen surge un ideal de lo que es ser criollo.

Tras el proceso de independencia consecuencia de este ideal de clase, el criollo ya no sólo se veía distinto de la concepción peninsular sino que la negaba por completo sin que esto llegara a significar que dejó de estar ahí. Los criollos al verse dueños de una nueva tierra negando su origen se encontraron en la necesidad de crear una nación desde las bases mismas así como de buscar una identidad nueva totalmente independiente del hombre peninsular, una auto definición. La creación de este modelo se vio en manos de algunos intelectuales que formaron un grupo no homogéneo ya que se dividieron entre aquellos encontraban en Estados Unidos un paradigma de progreso y de ejemplo a seguir, mientras que otra facción deseaba conservar el modelo administrativo colonial con la diferencia que ahora ellos eran los encargados del gobierno. Las distintas posturas de los dos bandos analizadas por O´Gorman[1] demuestran irrefutablemente que la dicotomía entre la implantación del modelo tradicional frente al moderno no existió ni existe sino que en esencia los dos bandos buscaban el sincretismo en los modelos propuestos. En la tesis liberal se postuló partir del modelo moderno y tomándolo como esencia sin rechazar por esto la tradición, es decir que se quiere la prosperidad de la modernidad sin hacer a un lado el modelo colonial, mientras que la facción conservadora plantea al modelo tradicional como esencia con el beneficio de la modernidad, es decir que este modelo cambia su base por la tradición pero buscando ser competidores de los estados modernos.

A pesar de que en esencia ambos modelos buscaban el mismo objetivo conservando la tradición siempre presentaron y presentan actualmente una dicotomía que hoy día a dado por llamarse derecha e izquierda respectivamente, una pugna irreconciliable entre el pensamiento innovador y el que busca conservar al estado tal cual es. Sin embargo este aparente equilibrio en la afrenta no se mantuvo ya que, como bien lo notaron los liberales, la carga de la herencia cultural era tan fuerte que el modelo anglosajón fue y es una imposibilidad en la práctica. Esta impotencia se tradujo en la búsqueda de un culpable que se encontró en el modelo mismo mientras que se desconoce que la herencia colonial es la verdadera culpable. Así, a los ojos de los liberales fue Estados Unidos y su modelo corrompido en alianza con la facción conservadora la causa de que el proyecto de nación liberal no haya podido llevar a cabo, y por el otro lado los conservadores ven a este país como una potencia egoísta que no comparte su modelo para conservar la hegemonía económica.

Para finalizar son estas dos facciones las encargadas de la lucha revolucionaria, que más que una revolución fue una guerra civil idealizada por los mismo bandos en busca de un ideal. Bandos conformados por dar un ejemplo por Porfirio Díaz, liberal por origen pero conservador en su ideología, es decir un presidente-emperador, un liberal-conservador, mientras que aquellos que se opusieron a su régimen perseguían los mismos motivos de aquel que derrocaron.

La revolución en definición significa un movimiento, un cambio y una alternancia entre varias propuestas pero después de varios años de lucha sangrienta entre iguales, entre proyectos gemelos con un rostro diferente, el cambio no se cumplió ni se ha cumplido, y no se logrará hasta que un nuevo modelo en esencia diferente sea propuesto. Así que para todos aquellos que en vísperas del anhelado cambio continúan observando atentos la cuenta regresiva esperando que en este centenario y bicentenario se produzca una transformación sólo verán mudar de disfraz a las mismas bases y proyectos hasta que una nueva propuesta levante la mano y pida la palabra.

[1] Véase EdmundoGorman. México. El trauma de su historia.

20090105

ENSAYO: En defensa de la Tradición


As for the others, their life, so far as they knew, was as it had always been. They were generally hungry, they slept on straw, they drank from the pool, they laboured in the fields; in winter they were troubled by the cold, and in summer by the flies. Sometimes the older ones among them racked their dim memories and tried to determine whether in the early days of the Rebelion, when Jone´s expulsion was still recent, things had been better or worse than now. They could not remember. There was nothing with which they could compare their present lives […]

George Orwell Animal farm


Todo parecía indicar que la oportunidad de presenciar grandes acontecimientos se nos había escapado de las manos; que el mítico siglo XX nos parió a destiempo, y con ello perdíamos la ocasión de entrar en la Historia. No obstante, el hado tuvo otros planes para no privarnos de la zozobra. Dichosos nosotros que contemplamos los estertores del Leviatán.

Para nuestra mala fortuna no tendremos oportunidad de contar con un show como el que enmarcó la disolución del mundo antiguo; ni un político firmando el acta de defunción; mucho menos un Deus ex machina. Permaneceremos estáticos y expectantes; en tal caso, nuestra inopia es consuelo y tósigo a la vez.

Infelizmente la muda del statu quo no trae consigo la desaparición del género humano. Y, si bien es cierto que de la humanitas es poco lo redimible, lo único seguro es que el arte entra en esa categoría.

La evolución del arte, en este caso de la literatura, en su condición de continuum, pasa casi desapercibida a corta distancia; por ello es necesario un alejamiento para advertir el proceso. Sin embargo, en el frenesí avant la lettre, esto se pierde de vista. Lo que consecuentemente deriva en repetición de fórmulas. Por ello, el conocimiento de la Tradición frena la posibilidad de incurrir en semejantes despropósitos.

Cierto es que la simple acumulación de conocimiento no deviene en su generación, ni propicia la creación de forma automática; del mismo modo, es impensable que su ausencia (léase ignorancia) sea su aliciente; por más que esa idea suene provocativamente vanguardista, no deja de ser un sofisma. No basta darle vida al Golem. Ergo, el elemento catalizador es la reflexión; la intromisión en la obra; la cópula con el texto.

Lo que supone esta abstracción es el establecimiento de un vínculo entre lector y lectura. Ya que ésta, en su calidad de objeto cifrado, necesita una decodificación por parte de aquél. De otro modo la estructura en que se apoya se desvanece y pierde solidez, credibilidad; nos brinda un trabajo anodino, vacuo. Entiéndase que lo anterior, no es sinónimo de un academicismo recalcitrante.

Ahora bien, aunque este planteamiento pueda dar destellos “neocon”, ello está totalmente alejado de su propósito. Ciertamente el arte es asequible, lo que no significa que cualquier creación sea artística per se, es necesario un trabajo previo. Entre tanto, cómo ya se ha dicho, una de las herramientas es precisamente el conocimiento de la tradición.

No hay que ser cándido, en sociedades como la nuestra, en las que todo intento de reflexión queda anulado por la vorágine de la imagen, resulta quimérico creer que esto sea viable. Muerta Clío (y de paso sus iguales) no nos queda mas que asirnos a la condena de la inmediatez. Y contemplar un Final nada espectacular

20090102

ENSAYO: Destrucción y crisis. Apocalipsis fluctuante pero intempestivo.

Por Osfabel Diteos,
candidato al título de Maestro en Artes Visuales
por la Universidad Nacional Autónoma de México.


“En esta vida hay que morir varias veces
para después renacer.
Y las crisis, aunque atemorizan,
nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.”
Eugenio Trías Sagnier.

“En las grandes crisis,
el corazón se rompe o se curte.”
Honoré de Balzac.
Allí, dónde todos piden cese a la crisis; ¡dadme más crisis, la estoy esperando!


Primer día del año 2009 y el Apocalipsis aún no llega. El mundo inmerso en una crisis económica que ha escandalizado el globo a través de los medios masivos de comunicación y una acentuada pérdida de la propiedad privada.


¿Qué tanto se tambalea ese monstruo glotón que saqueó el pasado siglo?

El capitalismo como sistema económico, con alcances más que económicos, pareciera redimirse; debe hacerlo, quizá no de facto pero su momento está por-venir.

Así, me desbordaría al decir que, viejas formas renacen, se expanden, de manera subterránea; microsistemas postapocalípticos sacados de novelas ciberpunk comienzan su desplazamiento. Lugares de intercambio, lugares excéntricos, lugares usados, configurados por objetos que fluyen sólo en tanto que valor de intercambio, de trueque, o incluso, el mero potlach: mercados itinerantes: tianguis y no-lugares[1]. Sólo imaginar aldeas autosustentables, orgánicas, que se yerguen de manera subrepticia pero constante, hace pensar que a la caída del monstruo una condición extrema y diferente ha de producirse.

En realidad, el Apocalipsis no hace falta esperarlo, ya ha llegado, su condición siempre ha existido; lo negamos. ¿Acaso no es en este punto en el que nos encontramos más cerca de nuestra naturaleza, de nuestro propio Apocalipsis? Somos seres humanos violentos, viscerales, destructivos, negamos nuestra condición natural, la cubrimos con la ética y con la percepción de la justicia; esos conceptos estúpidos que en la naturaleza ni existen, su absurdo radica en la nimiedad de la capacidad humana. Ahora somos naturaleza, destrucción y caos, así es la totalidad implicada en la que nos movemos dentro de el huevo terráqueo.

Que raro, que los momentos de mayor derroche económico del pasado siglo hayan llegado justo en estado de posguerra, de posviolencia, esa violencia que necesitamos, que parte de la inmediatez corpórea y de la regulación del consumo corpóreo-genital.

Quizás, de todas las civilizaciones que tenemos registro en la historia, la nuestra sea la más inconciente de su condición visceral, somos la civilización más kitsch de todas; las guerras como evidentes manifestaciones del consumismo y del utilitarismo corpóreo de tipo espectáculo. Pasar por el ritual de los sacrificios humanos; conectar las características teatrales punitivas que acompañan a los suplicios públicos característicos de la Edad Media. Hasta degenerar en la llamada sociedad de consumo o de vigilancia.

¿Cómo es que se ha llegado a suplantar a estos fenómenos a través de la necesidad de violencia, de visceralidad, de naturalidad ya?

Se ha intentado saciar con objetos; pertenencias, con posesiones; espectáculos, con cantidades e hipocresías, con sistemas de control; sujeción, con vigilancias; reticencias, con horarios de trabajo; poderes adquisitivos, con censuras; encarcelamientos, con sobreproducciones de cuerpos; de objetos, con cadenas abstractas, torturas silenciosas; discriminaciones específicas, persuasiones obligatorias, disfrazadas e hipócritas. Impregnación de egos.

Entonces, planteamos un consumismo gradual que se desenvuelve desde la bipedación del hombre, pero que se ha mantenido en proporciones balanceadas hasta la actualidad. Así, trayectorias con desplazamientos de sistemas de circulación reguladora van mutando basándose en la percepción de la cultura. Se mantienen por una exigencia acumulativa pero no degenerativa; dispersa para apaciguarse dentro de un estándar de pensamiento hipócrita, miedoso.

Así, hay que ser y hacer artistas como dice Guattari, no como concepto romántico, sino como accionar, ser transartistas, que nuestro accionar sea la creación de mareas que arrastren a quien se ponga enfrente, el punto en el que esa gran ola no dependa ya del yo, que ese rompiente trascienda a los demás en arte mismo, el arte a través de lo que lo contagia para poder serlo…

Los artistas se mantienen en el límite de esta situación crítica, trepidan en los límites de lo consciente y lo no-consciente –nos aventamos al caos–, encuentran a la crisis como una mutación importante en el desarrollo de un proceso, ya sea para bien o para mal. La crisis como manifiesto humanista que desemboca en la creación. Habrá que ver hasta donde pueden llegar y hacernos llegar. Artistas: ¡explotemos ya¡

No podemos seguir la postura filosófico-regresiva de olvidar y reconstruir todo desde un principio. Como dicen Deleuze y GuattariSe construirá fragmento a fragmento, sin que lugares, condiciones y técnicas puedan reducirse los unos a los otros. La cuestión sería más bien saber si los fragmentos pueden unirse, y a qué precio[2].

[1] Sin seguir por completo la teoría de Auge. Al menos no con respecto al anonimato.
[2] Deleuze/Guattari, Mil Mesetas: Capitalismo y esquizofrenia, Ed. Pre-textos, España, 1997. pág. 162.

Un saludo.

ENSAYO: Tiempo y pensamiento

“Para el caballero de la fe la resolución no se da en precursar la muerte, no se da por reflexión, sino por una confianza en aquello incomprensible pues lo absurdo no se encuentra entre las diferencias comprendidas dentro del marco propio de la razón, ni es idéntico a lo increíble, inesperado e imprevisto.”
Kierkegaard

Pensar diferente y de manera inteligente hoy en día se ha convertido en una tarea sumamente compleja gracias al lugar común. Éste es peligroso ya que nos acostumbramos a repetirlo y, repitiéndolo, a creerlo.

Desde temprana edad, notamos que en todos lados existen normas de comportamiento que rigen a la comunidad. La garantía de supervivencia está en las relaciones que los seres humanos han establecido para poder mantener y desarrollar la vida. Las acciones que realizan los hombres para mantenerla, ésas que llamamos productivas, se establecen a través de normas, reglamentos y organizaciones, es decir: controles. Controles creados y establecidos por nuestras instituciones cuya función consiste en generar un orden que regule nuestra conducta para satisfacer sus propios beneficios. Es por esto que el que piensa no debe esforzarse en convencer a los demás de su verdad; en tal caso se encontraría en el camino de este sistema; en el lamentable camino de "el hombre de convicciones".

A algunos falsos hombres les gusta calificarse así; pero ¿qué es una convicción? Es un pensamiento que se ha detenido, que está inmovilizado, por tanto, el "hombre de convicciones" es un hombre limitado. El pensamiento experimental no desea persuadir sino inspirar otro pensamiento, ponerlo en marcha. Las convicciones son enemigos de la vida más peligrosos que las mismas mentiras. Lo que quiere decir que ni lo absurdo ni lo seguro o estático, ni las normas establecidas por los controles es lo que nos hace vivir, lo que nos mueve es el pánico, la confusión o la indeterminación.

Conceptos de la vida fundamentados en dos pilares principales: el azar (lo que hay hasta el presente) y la confusión (lo que hay a partir del presente). Entre estos dos nos queda la memoria, aquí inicia todo y concluye todo, la imaginación, la inteligencia, el amor. Todo esto da lugar a la confusión, ambigüedad o indeterminación. Al respecto Arrabal mencionaba:
“Aceptemos el Big-Bang, aceptemos la astrofísica, aceptemos que el gato esté vivo y esté muerto, aceptemos que una onda sea onda y al mismo tiempo cuerpo, es decir que tú seas tú y al mismo tiempo tu alma, aceptemos que somos tan fuertes como débiles, aceptemos todo. Ése es el Pánico.”

Todo esto sucede dentro de un lugar imaginario llamado “temporalidad”. Éste está ubicado entre los instantes y el espíritu. Pero ¿qué es la temporalidad?

Para el filósofo danés Kierkegaard la temporalidad es la condición de posibilidad de llegar a ser. Es decir; de llegar a elegirse o no elegirse a sí mismo, y esto se da en función de la temporalidad y no del tiempo como un simple transcurrir. Por lo que si el instante es esencial, aunque concebido como “mera decisión” pero sin un verdadero compromiso, lo eterno pasa a convertirse en el futuro que nunca llega y entonces mi proyecto de existencia se queda en pura posibilidad.

De esta manera es como la temporalidad nos remite a la fragilidad de la existencia. Heidegger mencionaba al respecto: De no abrirnos a la problemática del ser y del tiempo permanecemos en estado irresoluto y la temporalidad no se temporiza porque deja de estar a la espera, y el futuro se convierte en un futuro impropio inesperado. “Por ello el comprender es primeramente venidero. Al presente retenido en la temporiedad propia y que por ende es un presente propio, lo llamamos el instante. Este debe entenderse en sentido activo como éxtasis, sin embargo también es gracias al instante considerado como eterno que el pasado no se cierra en sí, sino que se mantiene en continuidad con el futuro, y éste a su vez permanece en continuidad con el presente."

Ya se planteaba con profundidad en la Edad Media el filósofo religioso San Agustín la problemática del tiempo: ¿cómo poder determinar el tiempo y “Cómo explicar lo que ya no es: pasado? y ¿Cómo explicar lo que todavía no es: el futuro? Pero además, cuando lo característico del futuro es su fluidez, que se escapa inmediatamente hacia al pasado haciendo imposible su determinación: “Si, pues, el presente, para ser tiempo es preciso que pase a ser pretérito, ¿cómo podemos decir de él que existe, si la razón por lo que existe es que va a dejar de existir” ( San Agustín 1997:392)).

Como hemos podido observar el tiempo sólo vive en instantes y permanece dentro de nosotros gracias a nuestro espíritu, por lo que tenemos que aprovechar al máxime cada segundo de nuestro presente pues es lo único que tenemos con certeza. Sobre este transcurrir podemos hacer y deshacer, construir y destruir ideales, sueños, metas y demás aspectos.

Lo aquí planteado sea por San Agustín, Kierkegaard o Heidegger Se dirige hacia la necesidad de tomar en cuenta que el Instante, aún con toda su brevedad, tiene que estar penetrado por la responsabilidad y la obligación pues de no concebirse así, éste estará destinado al fracaso y a la resignación. ¿Por qué esperar un año más para lograr nuestras metas? ¿Por qué dar tiempo al tiempo para saber si lo que hacemos o dejaremos de hacer es lo correcto? Caminemos agrestes senderos y echemos mano de todos nuestros miedos para vencerlos desde hoy, desde ahora y por siempre. No esperemos que sea la temporalidad la que nos remita a la fragilidad de la existencia

Miguel Alejandro Guerra.

20090101

GUIÓN: A tu salud

Fade in:

Ext. Cantina de la Ciudad de México - Noche.

A un costado de la iglesia de Santo Domingo yace una vieja cantina. La entrada es parecida al tugurio de la película El bueno, el malo y el feo de Sergio Leone. El viento es muy frío. Son las 9:00 pm. y el reloj sigue avanzando.

Dos hombres sentados sobre la barra piden un whiskey mientras ven al cantinero que, con el mismo aburrimiento y acongojo de ellos, sirve los tragos. Es difícil saber que edad tienen los dos caballeros de la barra por lo contradictorio que son en verdad; lo que sí podemos saber es que uno es demasiado viejo y el otro bastante joven.

HOMBRE VIEJO

Pienso que tienes razón. Yo hubiera hecho lo mismo.

HOMBRE JOVEN

Y es que así es esto, mira el otro día alguien me dijo que vio la película de Madagascar 2 en alguno de esos grandes centros comerciales donde proyectan CINE. La verdad yo la compré afuera del metro pa` verla. Para qué gastarme eso que no tengo; que no tenemos muchos de nosotros.

HOMBRE VIEJO

La chingada. Pinche crisis. En algún momento esto tenía que llegar. En una sociedad de autoconsumo donde la seducción del objeto regula qué compremos o qué no, el exceso de imágenes convertida en un mar de los mismos peces, ha llevado esto a una era de barbarie consumista y a un vacío presente.

El cantinero se limpia la boca con el delantal y se sirve otro trago.

HOMBRE VIEJO

La posmodernidad está obsesionada por la información y la expresión. En la era de la posmodernidad se criminaliza por compartir información por la red. ¿Comprar películas piratas, en un país donde no alcanza para nada es un crimen?

El cantinero se acerca y ve a los ojos a los dos hombres. Ellos asienten y piden otro trago.

CANTINERO

(mientras sirve) Esta cabrona la cosa ¿no mi jefe?

El cantinero se va. El hombre viejo le jala al cigarrillo que tiene en la boca.

HOMBRE JOVEN

¿Conoces a J. Svankmajer?

HOMBRE VIEJO

Si mi joven. O qué ¿se ve que no sé?

HOMBRE JOVEN

¿Te acuerdas de la película que hizo? se llamaba...Food. Pues los tres cortometrajes que la componen son la analogía perfecta del capitalismo salvaje que vivimos hoy día. En la primera que se llama Breakfast, aparecen un par de personajes en un cuarto pequeño. El primero parece estar congelado en el tiempo y el segundo lee una serie de indicaciones que necesita para servirse de comer, las cuales están colgadas sobre el cuello del primero. Entonces él tiene que golpear de alguna manera a su prójimo, y éste, en un acto robotizado, le devuelve una salchicha con mostaza y refresco en unicel; toda una estética gabacha. Sucede lo mismo siempre, vemos filas y filas de condenados oficinistas listos para repetir el mismo acto. Los otros dos cortos Lunch y Dinner versan sobre algo que me pareció poca madre: dos personajes que se comen lo que ven enfrente, incluso a ellos mismos.

Corte a:

Un grupo de personas entra a la cantina y se sientan en una mesa. Todos tienen bufanda y guantes. Parecen oficinistas. El hombre viejo mira hacia donde esta el grupo de personas y ríe. TRAVELLING DE LA VENTANA A LA MESA

HOMBRE VIEJO

Es cierto. Ya solo falta que después de acabarnos el trago, ambos hagamos homenaje a J. Svankmajer.

HOMBRE JOVEN

¿Entonces que queda? A ver: seguir chupando aquí o mamársela al de enfrente.

HOMBRE VIEJO

(risas) No, está cabrona la cosa como dice el cantinero pero hay que preparase para el fin de este episodio del capitalismo. (con ironía) ¡Salud!

HOMBRE JOVEN

¡Salud mi general!

Secuencia de créditos: